El modelo de escuela democrático, además de atender a los intereses y necesidades del alumnado, trata de combatir las desigualdades sociales de origen y sus causas y de generar nuevas oportunidades educativas para toda la población.
El siguiente cuadro relata varias características de la escuela democrática.


La escuela pública actual, sin embargo, dista bastante del ideal democrático, debido a que es un reflejo de la sociedad, en la que existen diversos problemas, tensiones, contradicciones.
Todo ello hace que falte vida, contenido, poder y participación en el ámbito escolar, ya que no hay la suficiente participación popular que controle y dinamice los problemas.
En la escuela pública se percibe el déficit democrático de igual manera. Les falta empuje, contenido y vitalidad, que se logra a través de la legalidad pero también mediante la sensibilización y la toma de conciencia de los sectores afectados.
Hoy por hoy, la escuela es uno de los espacios públicos privilegiados para llevar a cabo el ideal democrático. Pero hay algunas razones por las que no se avanza más en la democracia escolar:
1. La falta de coherencia entre el discurso y la práctica. El profesorado acepta que hay que educar en valores democráticos, pero la puesta en práctica dista mucho de esta idea a la hora de concretarlos en el aula y en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
2. La cesión al exterior de la autoridad democrática del centro. Afrontar democráticamente los conflictos en el interior no es tarea difícil, pero se derivan al exterior para que sea la Administración quien tome el mando y lo solucione. Esta cesión de responsabilidad supone desperdiciar oportunidades de resolución negociada del conflicto y de aprendizaje democrático.
3. El olvido del alumnado a pesar de ser el destinatario de la educación y de que los centros son instituciones de integración. Numerosos estudios confirman la ausencia de voz del alumnado en las aulas, su marginación y exclusión en cuanto a colaborar y participar, lo que provoca un claro distanciamiento entre el docente y el alumno.
ESPACIOS PARA EL DESARROLLO
Hablamos de espacios para la participación, la deliberación, la acción cooperativa, para desarrollar la autoestima, la afectividad, la autonomía y la responsabilidad.
1. La relación y comunicación en el aula. Se precisa de un entorno social cálido, que favorezca una mayor transparencia y fluidez en la comunicación.
2. La cooperación y el aprendizaje entre iguales. Fórmulas para llevarlo a cabo como la experiencia compartida; en la investigación y contraste de informaciones e ideas y en la elaboración de proyectos colectivos. Las culturas cooperativas favorecen la ayuda mutua y el aprendizaje entre iguales y transforman el conocimiento y aprendizaje individual en saberes y adquisiciones compartidas. Todo esto requiere un atento seguimiento y control para detectar las dificultades y para garantizar la participación de todos los miembros del grupo.
3. El debate, la opinión y el aprendizaje de la argumentación. El debate es un marco propicio para la libre expresión de ideas. Las pedagogías progresistas se preocupan por educar en la libertad y en la responsabilidad, un binomio indisociable; para armar al alumnado de razones y argumentaciones; y para enriquecer los procesos de habla y escucha. El debate ha de formar parte de la cotidianidad escolar y no como simple recurso excepcional que se utiliza cuando hay tensiones y divergencias.
4. La asamblea como referente de cohesión democrática. La asambleas se convierte en unos de los rituales escolares que más favorecen la comunicación y el clima de aula así como la identidad y cohesión del grupo. En muchos centros, la tutoría ocupa este espacio con cometidos más o menos similares.
5. La elaboración de un currículum democrático. Que trata de combinar el cumplimiento escrupuloso de unos requisitos mínimos en razón de su carácter público con el ejercicio de su autonomía pedagógica abierta a la diversidad y creatividad propias de la innovación educativa.
6. El equipo directivo como coordinador y dinamizador democrático. El liderazgo democrático de la dirección escolar debe centrarse en lograr un clima adecuado para la comunicación y participación democrática; elaboración, revisión y ampliación del proyecto educativo; desarrollo de las innovaciones educativas; y la relación y colaboración con las madres y padres y con la comunidad.
EL COMPROMISO DE LA COMUNIDAD.
La escuela pública no es del Estado, ni del profesorado, ni de los padres, sino de la comunidad. Y que ésta tiene el derecho de participar en la escuela y de intervenir en el control del servicio público de la enseñanza.
Es importante establecer la comunicación entre la escuela y la comunidad para involucrarla en los retos democráticos del cambio y la innovación a través de un amplio repertorio de actividades de formación y colaboración con la escuela.
En un proyecto innovador existen propuestas y experiencias con un cierto grado de organización y coherencia, como se explica en los siguientes puntos:
1. Los círculos de cultura y los Consejos escolares. Inicialmente formados por los padres de los alumnos, se extienden luego a toda la ciudadanía. Impulsados por P. Freire. El diálogo y el debate sustituyen a las clases magistrales.
2. Las Comunidades de aprendizaje. Tienen como objetivo el logro de una educación integradora, permanente y altamente participativa, con la colaboración de los padres, madres y otras personas de la comunidad para establecer prioridades e iniciativas que interrelacionen lo que ocurre en el aula, el entorno y en el hogar. Realizan actividades fuera de la escuela con la participación del vecindario.
3. El presupuesto participativo. Proyecto para que la ciudadanía discuta y haga propuestas sobre la distribución del dinero público destinado a la enseñanza, dependiendo de las necesidades y prioridades.
4. La cuidad educadora. Punto que se desarrollará en el siguiente capítulo.

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