El desafío es lograr la transferencia y el uso de la cultura escolar en la vida cotidiana, y, al mismo tiempo, la incorporación de la experiencia vivencial y cultural del entorno a la escuela.
La escuela, en la medida en que ignora y vuelve la espalda a la era de la información (mensajes, imágenes, estímulos externos-televisión como más claro ejemplo), está hurtando oportunidades formativas al alumnado, al privarle de una serie de recursos que le ayudarán a adquirir un conocimiento más sólido e integrado y a comprender mejor la realidad. La televisión, por ejemplo, ofrece un doble rostro: el de la desinformación y la manipulación; y el rostro de la información que nos vincula con el resto del mundo y nos introduce a la ciencia y la cultura, a un humor saludable y entretenimiento, etc. Además es la actividad de ocio que más acompaña a los sectores más desfavorecidos al no tener éstos acceso a otras ofertas culturales reservadas alas clases medias.
Por ello hay que desarrollar propuestas y programas en torno a la lectura crítica de los medios de comunicación: que enseñen a descifrar códigos y mensajes; leer la imagen; seleccionar informaciones y programas culturalmente relevantes…
Desde la escuela hay que enseñar a leer críticamente la pluralidad de informaciones y mensajes de este entorno a la vez próximo y lejano.
LA CULTURA EN EL TERROTORIO
Se dice que el contexto educa más que el texto, sobre todo cuando se parte de contextos significativos.
El territorio se convierte en un libro abierto que nos permite penetrar en el mundo real en el que vivimos los seres humanos.
Un territorio que puede leerse sensorial y cognitivamente, desde las inteligencias múltiples, y que activa las diversas dimensiones de la educación integral. Un espacio de espacios abiertos al aprendizaje y a la socialización infantil.
Hay que hablar de entornos en plural, que facilitan o dificultan en diverso grado el desarrollo de las potencialidades educativas. Construir ciudades y entornos más habitables, con lugares para el encuentro y el intercambio, con ofertas lúdicas y formativas para mejorar la calidad de vida de personas y da paso a la democratización e innovación de la escuela.
LA CUIDAD EDUCADORA.
Su objetivo básico es que la ciudad o comunidad desarrolle al máximo su potencial educativo y lo ponga al servicio de toda la ciudadanía, con ofertas especialmente destinadas a la infancia y a la juventud.
Este proyecto comunitario comporta un compromiso firme con la educación por parte de los diversos agentes sociales y culturales. Porque en el territorio, de algún modo, todas las personas enseñan y aprenden. Cualquier persona que tenga que contar algo al alumnado y que pueda responder a sus preguntas que, con frecuencia, no puede responder el profesorado.
El docente ha de ser consciente de que no es el único agente informativo ni formativo, pero debe serlo también de que le compete la función de coordinar y orientar el conjunto d aportaciones culturales emanadas de los diversos agentes y escenarios del territorio.
FUNCIONES SOCIOEDUCATIVAS DEL TERRITORIO.
1. Reestructuración del territorio. Creación de espacios que faciliten el intercambio entre las diversas generaciones: recursos e infraestructuras culturales, deportivas y lúdicas.
2. Lucha contra el fracaso y el absentismo escolar. Es clave la colaboración conjunta de la escuela con la familia, los servicios y educadores escolares y la policía municipal. Conseguir que ciertos chicos y chicas en situaciones de extrema marginación se escolaricen con normalidad es uno de los grandes retos y logros comunitarios.
3. Solidaridad ciudadana, cohesión social e inserción laboral. Desde la escuela y la comunidad hay que movilizar ideas y recursos para conseguir una formación básica y profesional sólida y adaptada a las necesidades específicas y cambiantes del entorno.
4. Elaboración del mapa educativo de la ciudad. Realización en primer lugar de un mapa educativo de carácter cualitativo; averiguar cuál es el uso real de los recursos educativos por parte de los diversos segmentos de la población; y, por último, analizar las alternativas y propuestas que pueden ponerse en práctica para cubrir los déficit más llamativos, generar nuevos recursos y espacios formativos y hacer un uso más intensivo y fructífero de los ya existentes.
5. Creación de estructuras de apoyo a la innovación educativa. Centros de recursos e investigación pedagógica; programas de conocimiento del entorno con sus pertinentes orientaciones metodológicas; equipos multidisciplinares del profesorado y de las personas de la comunidad implicadas en tareas educativas; servicios pedagógicos, deportivos, medioambientales…
6. Consejos educativos territoriales. Vehiculan problemas y demandas así como propuestas de todo tipo para convertir el territorio en un poderoso lugar formativo.
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